La fama de Jorge Icaza se debe a su obra narrativa, que comenzó con el libro de cuentos Barro de la Sierra (1933), en la que ya se hace patente el tema que atravesó todos sus escritos: la situación del indio ecuatoriano.
En 1935 ganó el Premio Nacional de Literatura en su país
con la novela En las calles (1935); en ella narra la situación del indio
perdido en la ciudad, lugar donde sus protestas se esfuman sin alcanzar nunca
las altas esferas del gobierno.
Posteriormente Icaza abrió una librería, negocio
que alternó con sus tareas de escritor. Fue lector entusiasta de los grandes
novelistas rusos, desde Gogol a Tolstoi y Dostoievski. En 1944 formó parte del
grupo de fundadores de la Casa de la Cultura Ecuatoriana y luego fue enviado a
Buenos Aires como agregado cultural; allí permaneció hasta 1953. Al regresar a
su país, fue nombrado director de la Biblioteca Nacional de Quito.
Icaza es una figura sobresaliente del
indigenismo en la narrativa ecuatoriana: en su primera novela, Huasipungo
(1934), expone la degradada situación en que se encuentran los indios,
sometidos a esclavitud por los patronos que cuentan con el apoyo de la
autoridad civil y eclesiástica; este libro, de valiente denuncia social y crudo
realismo (constantes de la narrativa de Icaza), se ha convertido en una obra
fundamental en la evolución de la corriente indigenista del Ecuador. Con él, la
novela ecuatoriana entra de lleno en la tendencia del compromiso social de la
novelística actual.
Obras
destacadas son:
- Huairapamuscas (Los hijos del viento, 1947)
- Seis veces la muerte (1953),
- El chulla Romero y Flores (1958),
- Viejos cuentos (1960)
- La trilogía Atrapados (1972)

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